jueves, 14 de julio de 2011

Manual del buen analista bursátil sobre recomendaciones de acciones





¿Cuánto vale una empresa? Algunas consideraciones:


1) Como cualquier otro activo, una empresa tiene valor en función de los flujos esperados en algún momento en el tiempo. Luego, la diferencia entre el valor contable de los activos (inversiones necesarias) y su valor económico corresponde al valor actual neto (VAN) de la inversión.

2) Por el lado derecho del balance, el valor contable de la deuda tiende a coincidir con su valor económico en el caso de compañías con alta probabilidad de cumplir con el servicio de ésta. Por lo tanto, el VAN es la diferencia entre patrimonio económico (o capitalización bursátil) y el contable. La relación Bolsa/Valor libro es otra forma de ver lo anterior.

3) La contabilidad va incorporando la creación de valor, con rezago e imperfección, mediante el aumento del patrimonio contable producto de las utilidades netas en cada ejercicio. El precio de la acción, como reflejo del valor económico, reconoce todo el aumento de riqueza, en valor presente, en t=0.

4) El valor contable de los activos puede ser una buena estimación del costo de reposición de los activos reales de la compañía, especialmente ahora en que las normas IFRS apuntan a que su valorización se acerque a los valores justos o de mercado.

5) Un proyecto que genera riqueza implica que se está obteniendo un retorno más allá del exigido en equilibrio.

Implicancias para los analistas:


La técnica de valoración, entonces, se centra en estimar los beneficios futuros. Luego, un buen analista tiene la capacidad de definir las variables que determinarán dichos beneficios futuros, cómo ellas se comportan, interrelacionan, potencian y determinan la cuantía de los beneficios netos que se obtendrán. Si su planilla Excel le da como resultado una generación de riqueza “extremadamente” alta, lo que hace es cuestionarse inmediatamente dicho valor y revisa los supuestos implícitos. Dicha renta por sobre lo normal, equivale, por decirlo así, a encontrarse un tesoro, en el sentido de que resulta cada vez más difícil generar riqueza, siendo esto último especialmente válido en el caso de compañías que están en negocios donde su operación no es significativamente distinta a lo que hace otra empresa de la misma industria, local o extranjera.


Un buen analista, tendría clara la noción de equilibrios en sus estimaciones de flujos de caja, que típicamente incluyen 5 a 10 años y luego una perpetuidad. Esto implica preguntarse, ¿se mantendrán dentro de 10 años las condiciones actuales que permiten que la compañía X gane hoy $Y? ¿Qué pasará con aquellas empresas no enfrentadas directamente a la competencia externa -léase sector financiero, retail, transportes y otros- donde sus utilidades actuales se verían considerablemente mermadas bajo un régimen de competencia? ¿Es coherente el valor económico calculado con el costo de crear la misma empresa desde cero? ¿Puede una empresa chilena, en equilibrio, valer más del doble de una extranjera equivalente? ¿Puede una empresa chilena, en equilibrio, tener una rentabilidad desacoplada de los mercados externos?

Un buen analista no olvida que los procesos de destrucción creativa han hecho que los cambios durante los últimos diez años en el mundo, en sus distintas áreas, hayan sido más radicales que en los últimos cincuenta años. Y en los próximos diez años, dicho proceso será aún más rápido. Cree que las empresas chilenas no están inmunes a ello. En este contexto, a lo menos encontraría curioso que una compañía local haya emitido un bono bullet a… ¡20 años! (en realidad, lo realmente curioso es que haya inversionistas que le hayan prestado en estas condiciones a una TIR nominal de 7,4% anual).

Un buen analista conecta las variables macro con la realidad de las compañías. Así por ejemplo, llegaría a la conclusión que la tasa de interés de equilibrio en Chile podría seguir bajando, dado su ranking de riesgo (74 pb en CDS a 5 años, digno de economías desarrolladas), y que esta buena noticia para el país, no lo es para compañías cuyos pasivos son el valor presente de flujos comprometidos (compañías de seguros) ni para aquellas que creen que sus inversiones rentarán permanentemente más que su equivalente cierto (AFP).

Un buen analista, finalmente, se reiría cuando ve que el 90% de las recomendaciones de sus colegas criollos de las corredoras de bolsa son para comprar o mantener una acción.

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